“PERVERSOS”
Novela Fragmentada en relatos
Comenta el escritor Mario Zaldívar
La palabra SEVICIA significa crueldad extrema y con ese término se defiende el idioma para informar a los ciudadanos, acerca de los crímenes y otros sucesos que acontecen en nuestros barrios y ciudades; sin embargo, los periodistas no usan esa acepción, aunque las escenas que narran están cargadas de horror.
Existe un peldaño superior a la sevicia: la agresión sexual; lo que podríamos clasificar como “sevicia sexual”. Ya el divino marqués de Sade se había ocupado de estas prácticas y los sicólogos lo encumbraron a la gloria de pionero de la disciplina, al lado del magnífico Sigmund Freud.
Entre Sade y Freud explican más la conducta humana que cualquier academia en pleno, con énfasis en el comportamiento sexual de la raza humana y sus desviaciones.
Al hablar de desviaciones hay que tomar en cuenta los valores morales, religiosos y familiares de cada sociedad, pues lo que puede ser aceptado en África bien podría llegar a ser reprobable en Europa o en América.
A pesar de esas singularidades culturales, esos dos tipos – Sade y Freud – aportaron al conocimiento del ser humano algunas cosas invaluables.
Tan solo los escritores se acercan a estos monstruos de la conducta humana, porque el escritor trabaja con la imaginación y con ella puede llegar hasta los confines de lo posible y lo imposible. No en vano, Sade y Freud también escribieron mucho.
Cuando un escritor como Faustino Desinach elabora una novela llamada “Perversos”, está trabajando a lomos de lo que Sade y Freud escribieron tiempo atrás; no obstante, existe un filón literario aún más comprometido con el legado del francés y del austriaco: la ficción de la perversidad sexual.
Quien se haya informado acerca de este tópico, sabe que la actividad sexual ejercida en la infancia pervive para siempre y actuará sobre la conducta sexual del adulto; además, cuando esa actividad sexual es perversa, las consecuencias son prácticamente incalculables y de ahí resultan los agresores, violadores, psicópatas y asesinos de toda laya.
Cualquier analista o crítico literario sabe que cuando el escritor se adentra en este terreno, está pisando el territorio más complejo de la naturaleza humana y conforme a ello, debe medir sus pasos con suma cautela, comenzando por el uso del lenguaje, el cual debe apegarse al tema con la crudeza que exige el desarrollo de los acontecimientos.
Flaubert trató la fogosidad sexual de Madame Bovary con suma elegancia; siglo y medio después ese vocabulario está totalmente superado.
Desinach utiliza un lenguaje descarnado, como descarnada es la realidad que viven sus personajes, envueltos en las agresiones más brutales.
Es posible que muchos lectores estén en desacuerdo con el lenguaje directo de novelas como Perversos, pero lo que nunca será reprobable será la honestidad del escritor, quien apuesta por la coherencia entre los hechos y el lenguaje.
El subterráneo vivencial de los individuos.
Todo ser humano lleva consigo un mundo subterráneo que se niega a revelar; esa es la materia prima de la literatura y a la vez, la piedra filosofal de los sicólogos; es decir, la zona fundamental que explica el comportamiento de los hombres y las mujeres.
Hurgar en esa “ciénaga” es la labor del amanuense que busca la explicación de nuestros actos más auténticos.
Las personas que se jactan de poseer una existencia novelable deben estar pensando en su subterráneo vivencial, ya que solo unos cuantos están llamados a ser héroes, mártires, genios o descubridores.
Quizás en la mayor parte de los seres humanos, solo su subterráneo vivencial tiene valor literario; el resto es monotonía y sumatoria de tiempo sobre tiempo.
Faustino se ha colado en las aguas negras de varios personajes: Julio César, Raquel, el fiscal y su amante, el sacerdote, la madre y la tía de los primeros y hasta el mismo autor se revela en fragmentos de cada uno de ellos.
El coraje del autor es admirable puesto a prueba ante un argumento duro y exigente.
Puro realismo sucio.
El marqués de Sade creó una escuela literaria que no es estilo, es crudeza y sinceridad; Freud – para mi gusto – es más interesante como escritor de ficciones que como sicólogo.
Sade fue vasto en la descripción de sus aficiones sexuales; Freud especuló con temas inéditos como la sexualidad de los niños y el deseo carnal por la madre.
Los dos exploraron asuntos espinosos e inéditos y el tiempo los consagró como pioneros en la comprensión de la materia más oscura de sus congéneres.
Los novelistas que se aventuran en los derroteros que iniciaron Sade y Freud saben que aún en los tiempos que corren, se verán ante duros problemas antes de ser comprendidos y aceptados, mucho menos esperar reconocimientos.
Los escritores como Faustino Desinach carecen de autocrítica moral, lo que en otros autores significa autocensura y limitación de la libertad creadora y en ese proceso, es necesaria una cuota extraordinaria de coraje.
Eso se percibe en la novela Perversos.
Al escribir esto me siento relevado de afirmar que la obra es buena o mala, recomendable o espernible, moralista o depravada, culta o popular. Lo que sí cabe decir es que es saludable leer novelas originales que se salen de la norma, del promedio, y se deslizan por la cuerda floja que la mayoría se empeña en evadir.
Es importante rescatar un hecho fundamental de la novela Perversos: al menos uno de sus personajes se salva a pesar de la sevicia sexual que sufrió en su niñez: Raquel.
Este hermafrodita trasciende la problemática, elige un destino superior, invierte voluntad y recursos en sus objetivos y se lanza a la conquista de un futuro mejor.
Triunfa por su temple y limpia su horroroso pasado, lo cual contiene una altísima dosis de calidad en el mensaje literario.
Solo por esto la novela ya es digna de leer.
Dentro del entramado general de la novela, existe la sevicia sexual como telón de fondo; al lector le corresponde hacer el trabajo de disección, para rescatar lo positivo entre el pavor que rodea a todos los hombres.
Escritor Mario Zaldívar
13 diciembre 2015.
Los PERVERSOS personajes del escritor
Comenta el escritor Juan Ramón Rojas
Faustino Desinach ganó el Premio Nacional Aquileo Echeverría.
Balada Clandestina es parte de una considerable producción literaria (narrativa y poesía) de este autor, cuya vida profesional ha estado más inclinada al lado de la fotografía, disciplina en la que también ha recibido merecido reconocimiento y participado en diversas exposiciones, dentro y fuera del país.
Su más reciente producción, Perversos, es una colección de relatos en los que vuelve, como en otras obras anteriores, a los personajes que se mueven en una realidad cotidiana difícil, en un mundo sórdido, en un estilo narrativo sobrio y sin rebuscamientos, que se ha denominado “realismo sucio”, nacido en Estados Unidos en la segunda parte del siglo pasado y que Desinach ha sido practicado en Costa Rica.
En narrativa es difícil hablar de estilos puros. Se puede hablar de un eclecticismo, aunque al final predomine un estilo determinado. Claro es que no siempre la o las teorías se ajustan a la realidad del relato presente en las obras.
En este caso, son personajes con una vida escabrosa en la búsqueda de una felicidad siempre esquiva o, cuando menos, dudosa, en la que el éxito y el fracaso, el sexo y el abuso se complementan en un “bajo mundo”.
Es posible, por lo tanto, que podríamos estar hablando de “realismo sucio”, tal como lo han definido algunos autores.
Junto a sus volúmenes de relatos y de poesía, Faustino Desinach tiene una novela, Efectos personales (2009), que también se podría ubicar dentro del “realismo sucio”, con todas las anotaciones que se le pueda hacer a este concepto (como dijimos antes), que se desarrolla en un triángulo geográfico entre “Vesania”, país imaginario presente en alguna parte de su obra, Cuba y Nueva York.
En Perversos (Ediciones Terbi 2015) se entrecruzan escenas y personajes con Balada Clandestina, por ejemplo, como el sacerdote sádico, la Tía mala, Pablo Morfo y otros, que por se mueven en un mundo de marginación, a veces diabólico, como el hermafrodita que recibe comprensión y apoyo de su hermano solidario, pero que sufre la perversidad de un sacerdote josefino que no se guarda nada en sus insaciables y crueles instintos.
Antihéroes, no convencionales en público. Digamos no “normales”, aunque también se podría concluir que son la norma en una sociedad excluyente, mojigata y represiva socialmente.
Con una vida privada que jamás nos atreveríamos a aceptar como digno comportamiento público.
Escondemos nuestras miserias y perversidades debajo de la alfombra o, si pudiéramos, en una caja fuerte y haríamos desaparecer la combinación.
Junto a ese país imaginario, Vesania, también es frecuente tropezar con lugares que igualmente se repiten, como el Bulevar de los Infieles, tanto en Balada Clandestina como en Perversos y en su obra poética.
Entre sus títulos de este más reciente libro, están “Perversos”, “La Cueva de Floyd”, “Conversación con salmones blancos”, “Amores Santos” y “El fiscal asesino”. En esta última, que ocupa casi la mitad de sus 150 páginas, se puede tropezar con referencias muy concretas de un sonado caso que sacudió la opinión pública, hace unos años, y que ocupó titulares y páginas en periódicos y acogido con grandes espacios en los noticieros de televisión.
Las de Faustino Desinach no son historias o personajes grandilocuentes. Son personajes reales con sus vidas truncadas y amores fracasados, como suele suceder, cargas que llevan con envidiable estoicismo. Personajes que se mueven en el límite entre la sobrevivencia y el abismo.
Abusados, marginados, excluidos, son quienes pueblan su obra y que están presentes en Perversos. Son quienes realmente han conocido el infierno en la tierra.
Como dice un personaje de Efectos personales: “Porque solo hay dos maneras de conocer el infierno: una es cuando sales a buscarlo y lo encuentras. La otra es cuando creces ahí dentro y convives en él”.
Estos personajes han crecido dentro de este infierno y Desinach los hace emigrar y nos lo presenta con toda su crudeza y realismo posible, tal vez como no quisiéramos que lo hiciera.
Escritor y periodista Juan Ramón Rojas
26 Diciembre 2015
La literatura de Faustino Desinach es fragmentada, atemporal, nostálgica, polifónica, capítulos cortos, reducidos breves, casi amputados, directos, esenciales, punzo cortantes, pero llenos de realismo sucio y cotidiano, se alimenta de paradas de buses,
los viajes en trenes, mercados, moles, hospitales, barrios citadinos, al final hilados por la ambientación de personajes solitarios, decadentes, neuróticos, y marginados.
A manera de Nivola
Escribir alrededor de una obra de un hermano escritor no es fácil; a veces se nos enreda el alma. Cuando Faustino ubicó la primera página de su novela cerca de las teclas de la máquina de escribir, de seguro ni por asomo, tenía en la mente el consejo de don Miguel de Unamuno, Rector en la universidad de Salamanca. Esa mañana, al asomarse a la entrada de esa casa madre de la sabiduría, observó que ingresaba un hombre.
En ese instante sintió, cayó en la cuenta de que ese que le venía a buscar a la rectoría, era un personaje de novela; y más, de una novela que él no deseaba escribir. Es la forma en que don Miguel de Unamuno inicia el encuentro en la novela Niebla.
Faustino al igual que don Miguel, está condenado a la desgracia de escribir esta novela. ¿Acaso escribir una novela constituye una desgracia para su autor como escribe Unamuno?
Este libro es la historia de un niño que colecciona cosas y sueños. Era Tony Fernández un niño coleccionista, en la misma forma en que el autor de Platero y yo coleccionaba mariposas.
Este niño, Faustino, no era en sí un coleccionista de chuncherejos; sin saber el destino que la vida le deparaba, coleccionaba parte de su propio corazón. Vida de su vida.
Es aquí donde Faustino se adentra en las páginas de una novela, es de recordar (nos lo dice Mark Twain, describiendo los grandes ríos sureños, donde él pasaría apresado como un alga) que Faustino es un Séneca de una modesta República, que posee lo mismo que algunas grandes naciones; solo que a estas últimas les fue necesario derramar ríos de sangre.
Las islas griegas perdieron parte de su estirpe para poseer el mar. Faustino habita en una nación tan pequeña como el grano de un frijol colorado en la conciencia de las naciones, sin embargo, es dueña de dos mares seleccionados por la ira de Dios. ¡Lástima que a sus nacionales no les importa nada! Nada de nada.
Faustino hurga en el alma humana para darnos una novela.
Su libro está henchido de lugares comunes, que su personaje ― el niño de la novela―, no ha de olvidar jamás.
He aquí el libro que Faustino jamás soñó en escribir: “Efectos personales”.
Este creador literario se empeña en hacer que una verdad renazca en nuestro pensamiento y encuentre cobijo al lado del corazón.
¡Ah!, es que también es un requerimiento analizar cómo escribieron sus obras Carlos Luis Fallas y Eunice Odio. En la misma forma este escritor Desinach, nos da un ejemplo de luz entre sus páginas hasta dejarnos como Unamuno un libro no deseado, empero, tenaz, bello, peligroso y con un sabor de sal de azúcar. ¿Es que existe la palabra “saldeazúcar”?
Faustino nos dice que sí… y si él lo dice pues nada, hay que orientar nuestra carta por tal sendero.
Cada escritor es un sabio fracasado. Todos, y no existe uno que no lo sea así.
Una novela bella, angustiosa, un tanto mefistofélica y de esas entre cuyas páginas no importan los recursos del escritor. Se justifican los medios, pues ya ha nacido una novela.
Una novela para reír cuando el escritor ríe, para llorar cuando el escritor llora, o todo junto. Excepto la indiferencia.
Faustino, para escribir esta novela, ha tenido por fuerza que hacer un tornado a su vida de niño, de joven, de casi viejo.
Escribir que es el único oficio que el artista se ve obligado a vivir.
Hemos terminado de leer el libro de Faustino. Es Unamuno desde los ventanales de la rectoría en la Universidad de Granada quien nos hace la referencia, el dolor de miel y sal al escribir un libro. Puede que sí.
No hemos tenido culpa al leerlo. Los efectos personales son cosas que seguirá viviendo su autor, Faustino Desinach.
Por: José León Sánchez, escritor.
Sobre la novela Efectos personales
Del autor: Faustino Desinach
EFECTOS PERSONALES, novela
¿Qué es literatura y qué no lo es?
¿Qué es una novela?
Pienso que contestar a lo anterior es difícil. Quizá la aproximación más justa de lo que es una novela – y así lo pienso yo- es la definición que escribe Witkiewicz en el prólogo de “su” “Insaciabilidad” obra maestra de principios del siglo XX: “... una novela puede ser cualquier cosa, independientemente de las leyes de la composición, empezando por una aventura psicológica presentada desde el exterior, hasta algo que se acerca al tratado filosófico o social”:
Pienso – sin temor a equivocarme- que Efectos Personales de Faustino Desinach se enmarca dentro de este concepto de literatura de Witkiewicz.
Efectos Personales es una novela visceral y ambiciosa quizá no tanto en su estructura pero sí en lo narrado, en donde la obsesión principal del protagonista es el sexo que se consume y renace de sus propias cenizas una y otra vez como el Ave Fénix.
Además, en el relato confluye un testimonio sin hipocresías de las relaciones de parejas en nuestro entorno social y quizá este sea el mayor mérito de la obra: la sinceridad del protagonista o los protagonistas.
Efectos Personales rompe con los moldes “clásicos” y “añejos” de la literatura nacional y se acomoda definitivamente a las nuevas corrientes de los novelistas costarricenses de novela negra, de novela urbana y “realismo sucio”.
Enmarcados en el REALISMO SUCIO los relatos de Faustino Desinach forman parte de la llamada NOVÍSIMA LITERATURA COSTARRICENSE.
Por: Jorge Mendez Limbrick, escritor
26 de marzo del 2011.
EL ESCRITOR Y SU CIUDAD
EFECTOS PERSONALES. NOVELA
Por: Mario Zaldívar, escritor.
Alguien dijo que la novela de Faustino Desinach se encasilla es algo que va tomando forma bajo la categoría de “Realismo sucio”, lo cual me parece bastante acertado si tomamos en cuenta sus antecedentes poéticos, donde ya se respira una atmósfera de corrupción, de lujuria, de injusticia y de pesimismo colectivo.
Para estos escritores el “espacio-ciudad” adquiere una trascendencia extraordinaria, que tiene antecedentes en la anónima New York de John Dos Passos, en la lujuriosa Habana de Cabrera Infante, en la mágica Macondo de García Márquez, en la fluvial Santa María de Onetti, en la sureña Yoknapatawpha de Faulkner, en la melancólica Buenos Aires de Borges o en la fantasmal Comala de Rulfo.
En todos estos casos, la ciudad y sus vicios-los vicios extremos sobre todo-influyen sobre el perfil sicológico de sus personajes y, desde luego, sobre el estado de ánimo del lector.
Cada lector podrá sopesar la relevancia de Vesania, nombre sospechoso de la ciudad de San José en la novela de Desinach, para reconocerse en ella e identificar a los personajes que merodean sus esquinas, a los delincuentes de cuello blanco, a sus curas ambiciosos y a los periodistas sacrificados por las balas de los sicarios. En el fondo, no es importante comparar a San José con las sagradas ciudades de la literatura latinoamericana del siglo XX; lo relevante es contribuir a delinear una identidad literaria de San José como tarea colectiva de una generación de escritores que quiere decir algo mediante los actores y características de la ciudad. En este aspecto la novela de Desinach aporta una obra interesante a la corriente del “Realismo sucio”, cuyo contenido ya requiere de un análisis más profundo.
MARIO ZALDÍVAR, escritor
Esta novela la han ubicado como integrante del movimiento llamado "Realismo sucio".
Por: Benedicto Víquez G. Escritor y critico
En la misma novela el narrador dice: "Narradores en imágenes, ahí es donde está la belleza del realismo sucio de las cosas y del ser humano".
Tendríamos que entender que existe un realismo limpio.
Tal vez el nombre no sea feliz.
Pienso que es una modalidad diferente de enfrentarse a la misma realidad y crear la obra literaria a partir de ella.
El arte en general y la literatura en particular tienen la libertad, propia del creador, de escoger qué partes, tonos, claroscuros, matices, de esa realidad para configurar su obra.
De esta visión propia del autor surgirá una obra descarnada, tremebunda, desgarradora, u otra positiva, llena de imágenes bellas y ambas podrían ser literarias si el manejo del lenguaje y otros elementos es el adecuado.
Ya el naturalismo como movimiento literario, en el pasado, se encargó de mostrar el lado feo de la realidad y los autores contemporáneos vuelven los ojos hacia una realidad que la sociedad burguesa y la historia oficial tratan por todos los medios de ocultar. La novela tiene un rasgo del que poco se ha teorizado y éste es "lo privado".
La épica se dedicó por completo a la vida pública, lo que todos sabían, lo dicho, lo expuesto y quizás podríamos afirmar del mundo oficial pero la novela tendría la oportunidad de fundamentarse en ese mundo desconocido, oculto y siempre tan importante como es lo privado.
No sólo en cuanto a los personajes se refiere sino a la historia.
El buen novelista siempre encuentra la forma de contar, narrar sobre mundos privados, desconocidos, inventados pero terriblemente reales.
Ese mundo subterráneo, lleno de pasiones, descarnado, sádico a veces, terriblemente violento es el que descubre y recrea esta novela: Efectos Personales.
Es como si se abriera esa valijita y comenzaran a salir toda clase de imágenes que algunos no quieren ver o desearan ocultar o simplemente mirar para otro lado. Por ello, creemos que el personaje fotógrafo y aficionado a las mariposas Tony Fernández, en sus estadías en San José de Costa Rica y Nueva York, disfruta revelando sus imágenes en ambos sentidos.
Es cierto que nuestra sociedad es violenta y eso muy pocos podrían negarlo y que se tiende a empeorar cada vez más.
Pero lo que sorprende y quizás llama más la atención es tropezar con personajes corrientes, jóvenes, de clase media, estudiantes universitarios y hasta profesionales como protagonistas de ese desenfreno sexual, esa violencia desmedida e inhumana a que voluntariamente se introducen.
El sexo por el sexo mismo.
No importa cómo ni con quién.
La vivencia de la violencia sexual hoy y mañana... no importa.
Pero no nos asombra por falso, pues no lo es.
En esa lucha por alcanzar el éxito, medido en poder, no se escatiman medios.
Así desfilan por la novela las historias más crudas, desde la muerte de Parmenio, la violación del joven en la sabana, el maltrato y abandono de hijos y madres a la miseria, el asesinato de una joven que rechazó a un viejo sádico, por manos de él, la venganza de su hijo contra ese mismo viejo que era su padre, la violación de un menor por un soldado de la marina, etc.
Todas estas imágenes narradas son un testimonio que no podremos ocultar.
No más al comienzo de la novela cuando Aurora lleva a Pablo Morfo a la iglesia católica y el padre baña a Pablo con agua bendita, comienza un soliloquio que es de antología.
Morfo le da gracias a Dios pero de qué manera.
Dejo al lector en suspenso con el fin de que lea la novela y pueda experimentar ése y otros pasajes importantes de la misma.
Ahora bien, cabría preguntarse, los personajes son felices, se realizan plenamente. Mi respuesta es no.
Y la novela es explícita no solo en el lenguaje directo, sin tapujos para describir las escenas más violentas de sexo, como para señalar imágenes de frustración, impotencia, fracaso, y sobre todo de soledad, tal y como muere el personaje Tony Fernández en un hospital.
La novela abre un abanico de respuestas a la violencia actual ejemplificada en el sexo y las drogas pero sobre todo en la impotencia del ser humano para resolver ésas, sus propias limitaciones en esta sociedad materialista.
Por: Benedicto Víquez G. Escritor y critico
faustinodesinach@gmail.com
faustinodesinach.blogspot.com
faustinodesinach@gmail.com
Tel. (506) 83886431







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